Work journal

2020-08-13 ¿Qué es sentirse saludable?

Date
AuthorMark MacKay

Cada día mejor del estómago. Cuando enfermo no puedo evitar estar continuamente monitoreandome. Pensé: para qué escribo el worklog, pues sería hipócrita de mi parte escribir sensaciones ajenas a las del momento, porque ni siquiera tengo disposición para ello. Si voy a escribir, que sea de cagar.

Y preferí no escribir.

Pero el día de hoy me encuentro recuperado, y la enfermedad lleva a reflexionar acerca de la salud: ¿qué es “sentirse saludable”?

Enérgico, energía cuya fuente no es emocional.
Despejado. Simple. En armonía.
Enraizado. Presente.

Los síntomas espirituales son difíciles de ver cuando uno se observa a si mismo. Es más fácil que otra persona que lo pueda ver por ti, cuando te dicen “no hagas mucho esfuerzo, estás pálido todavía”, están hablando de tu condición espiritual, no física.

Pero es importante conocer el estado espiritual para llevar a término la enfermedad. Uno no puede pretender que—como ya no tiene síntomas—puedes hacer tu vida como sin nada, ignorando por completo la salud del espíritu.

Con esto no aconsejo quedarse en casa viendo películas. La fuente de inspiración de este texto fue la visita a un gimnasio que legalmente no debía estar abierto. Que la primera tarea del cuerpo recuperado sea la de salvar de la flacidez al espíritu.

Work journal

2020-08-07 El dilema del tranvía

Date
AuthorMark MacKay

Hoy estuve largo rato trabajando en una personalización de Method Draw para un cliente que tiene unos requerimientos bastante particulares: este cliente quiere armar un dispositivo de hardware + software para hacer video mapping sobre el rostro de personas, proyectando cejas que un estilista acomoda en Method Draw, y cuando queda satisfecho las dibuja con un lápiz. Al más puro estilo startupero, este es su primer cliente y si sale bien el experimento luego intentará venderlo a más estéticas. En mi charla con él por Zoom hubo muy buena química y la intuición de colaboración fue un rotundo sí, que en mi es muy raro.

¡Qué difícil es encontrar buenos clientes! El cliente a menudo es el peor enemigo del buen diseño. Yo ya me he dado por vencido: si tengo un cliente mi propósito no es hacer buen diseño, si resulta bueno es porque el cliente tuvo suficiente presupuesto y no intervino demasiado. Mi propósito es dejar al cliente satisfecho y llevarme algo de dinero al bolsillo para financiar mis proyectos personales en los que pueda crear cosas bajo mis propios términos.

Sin duda hay diseñadores con la tenacidad, autoridad o colmillo para llevar al cliente a la decisión correcta—lo he visto con mis propios ojos. Pero el costo emocional es altísimo: hay conflicto, manipulación, postureo, negociaciones estresantes. El cliente se quiere disparar en el pie y uno forcejea con él intentando convencerle que es una pésima idea!

Por eso me resulta mucho más fácil el trabajo de desarrollo cuando trabajo con clientes. El dilema moral del tren que arrolla gente inocente se presenta como una buena alegoría:

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?

Y luego se contrasta con la siguiente situación:

Como antes, un tranvía descontrolado se dirige hacia cinco personas. El sujeto se sitúa en un puente sobre la vía y podría detener el paso del tren lanzando un gran peso delante del mismo. Mientras esto sucede, al lado del sujeto sólo se halla un hombre muy gordo; de este modo, la única manera de parar el tren es empujar al hombre gordo desde el puente hacia la vía, acabando con su vida para salvar otras cinco. ¿Qué debe hacer el sujeto?

El diseñador que diseña algo mal porque el cliente lo quiere así, es el que empuja al gordo para detener el tren. El desarrollador que implmementa algo mal diseñado, es el que aprieta el botón. Las víctimas, en ambos casos, son los usuarios. Las cinco personas atadas son el ego del cliente.

La persona que quiero ser, es la que no tenga que confrontarse a estos dilemas por dinero.

Work journal

2020-08-06 Doctor Google

Date
AuthorMark MacKay

La diarrea ha sido terrible. Dudo mucho que el lector quiera saber los pormenores del progreso de mi enfermedad. En lugar de ello, relataré otra historia relacionada.

Hace unos siete años me sucedió algo similar. Estaba pasando más horas de mi tiempo despierto dentro del baño que fuera de él. Algo andaba bastante mal. Siempre googleo mis síntomas antes de ir al doctor, para comparar su diagnóstico con el mío. Sí, al principio uno siempre cree tener cáncer, pero con la práctica afinas los términos de búsqueda y encuentras cómo ser más objetivo con tus propios síntomas. Diría que—con la ayuda de Google—tengo 90% de certidumbre en mi diagnóstico.

En aquella ocasión mi conclusión fue que estaba padeciendo salmonelosis, pero—según leí—la única forma de verificarlo era mediante estudios de laboratorio. Había uno cerca de donde vivía en ese entonces, entre Chapultepec e Insurgentes.

—“Ejem, quiero hacerme un estudio de heces fecales”.
—“Querrá decir un estudio coprológico o coproparasitológico, ¿trae usted la receta?”.
—“Vengo por cuenta propia” dije, sobándome la nuca con vergüenza.
—“Pues supongo que el corpoparasito… es para parásitos no? Ese no, el otro. O bueno, supongo que me pueden hacer los dos con la misma muestra, cierto?”
—“Así es”.
—“Pues dígame ¿cómo traigo la muestra?”

Sacó tres frasquitos de plástico en donde tendría que “colocar” la muestra de la primera emisión de la mañana durante tres días. ¡Tres días! “¿No basta con uno?” No señor, estos estudios requieren tres muestras. La naturaleza explosiva del problema haría de ello una tarea difícil, pero lo hice, y volví al tercer día a entregar mis muestras. Para colmo de males, una chica guapa recibió e inspeccionó visualmente mis vasitos de chocolate frente a mi.

Los resultados estarían listos en tres días, así que llevaba una semana adicional de sufrimientos en el baño. Recogí los estudios a primera hora de la mañana, y volví a casa para googlear los resultados: una cantidad anormal de Klebsiella pneumoniae y de leucocitos que indicaban una infección, pero esta podía ser de varios tipos, salmonelosis incluida. Así que no obtuve resultado conclusivo.

Resolví que sería mejor buscar la ayuda de un especialista. Hice una cita que me dieron para la siguiente semana, pero mejoré en ese lapso, así que la cancelé. No me repuse del todo, pero a menudo uno queda sentido de la enfermedad y tarda en volver a la normalidad.

Todo parecía progresar conforme lo que esperaba, pero un mes después volvió la diarrea, y esta vez—harto de perder el tiempo—acudí directo al doctor sin cita, con mis estudios en la mano.

—“Doctor, hace un mes tuve una diarrea horrible, sospeché Salmonelosis, me hice estos estudios, pero creo que no los supe interpretar, porque nunca di con lo que estaba padeciendo”.

Se puso las gafas y miró los papeles “hmmmm sí, aquí indica una infección, a ver, acuéstate”. Me oscultó la barriga, preguntando dónde sentía dolor, o nausea. Varios lugares resultaron muy sensibles a la presión que iba a aplicando.

“Hmmm mira, sí, lo más probable es que hayas pasado por Salmonelosis y lo que estás sufriendo ahora es una repercusión de la infección original. El problema es que la salmonelosis no se detecta con un estudio coprológico, se detecta con un estudio de sangre”. Me puse pálido.

—“No me diga eso doctor, ¿pasé una semana entera en el baño, y cagué en esos horribles vasitos de a gratis?”
—“Sí. Bueno, al menos ya sabemos que no tiene parásitos”.

La lección es clara: cuando sospeches salmonelosis, hazte estudios de sangre.

Work journal

2020-08-06 Enfermedad física y espiritual

Date
AuthorMark MacKay

Anoche me agarró un aguacero cuando iba en la bici. Llegué a casa completamente empapado. Hoy me sentí mal, con ese zumbido en los oídos que invariablemente siento cuando me enfermo. Pero esto definitivamente no es una gripe, puesto que es el estómago es lo que tengo deshecho. También me duelen algunas articulaciones.

Se supone que, a pesar de lo que nos dicen nuestras madres, mojarse no es motivo de enfermedad, sino que el sistema inmune se deprime, y tenemos toda clase de virus y bacterias dentro de nosotros esperando ese momento de flaqueza en la salud para hacer de las suyas. Esto no exime de que sea COVID el patógeno oportunista, por supuesto.

Voy a esperar un par de días adicionales, tomando precauciones de cuarentena estricta, para ver cómo evoluciona esto. Hoy estuve durmiendo la mayor parte del día, ¡no sabía que podía dormir tanto! y tengo esa sensación febril, pero no puedo asegurar tener fiebre, pues no tengo un termómetro en casa. Hay una depresión a la que soy bastante indiferente, pero me despierta curiosidad haberlo notado que hace unos días vengo sintiendo como preludio malestar existencial.

La dualidad cuerpo/mente parecen desvanecerse cuando el espíritu las integra. Hay mucho que tengo que escribir acerca de este tema, pero es puramente especulativo. Quizás en un par de décadas observando mi salud mental y física pueda decir algo al respecto. Mientras, observo.

2020-08-03 Method Draw, deseos de caminar

Date
AuthorMark MacKay

Ayer resucité el proyecto de Method Draw en GitHub. La última vez que lo toqué seriamente fue hace unos seis años, y lo recordaba mucho más esotérico de que lo en realidad es.

Lo reestructuré completamente para establecer un nuevo método de compilación, pues el anterior se hacía mediante un Makefile, y aunque muchos programadores de la vieja escuela me dicen que esta es la forma correcta de hacerlo, es un poco como decir que la forma correcta de vestirse es yendo al sastre a que le hagan a uno un traje a la medida.

Los pormenores de esta tarea provocarán lágrimas de aburrimiento en el lector. Basta decir que quité todo lo que no servía, actualicé algunas imágenes para dar soporte a monitores retina, y eché un ojo a algunas pull requests que me habían hecho hace años para rescatar alguna cosilla de utilidad, cerré issues que me parecían irrelevantes, y pulí el readme.

Lo más difícil fue evitar meter la mano en la caja de pandora. Hay miles de cosas qué resolver en este repositorio, pero no puedo comenzar algo que no voy a terminar. Mi tarea es muy específica: dejar todo listo para hacer una modesta personalización para un cliente. Al cliente le dije que esta tarea de resucitación no se la iba a cobrar, que es un poco como la tarea de arrancar un tractor viejo, pero lo que se cobra es la tarea del arado.

En el ámbito personal percibo un profundo deseo de caminar macerándose. Echo de menos España de una forma muy peculiar, estoy viendo la serie de Hernán y cuando veo imágenes de España me surgen recuerdos de tanta inspiración que sentía en mis caminatas, pero cuando las proyecto en México no puedo evitar sentirme algo ridículo. El ser extranjero te da cierta licencia (auto-impuesta) a comportarte de forma excéntrica, pero cuando me imagino caminando en México, esa excentricidad se manifiesta más bien como ridículo. Es una cosa bien curiosa.

A fin de conectar mis caminatas en España con mis futuras caminatas mexicanas, estoy jugando con la idea de completar la Ruta de Cortés, y caminar desde la costa del Golfo de México hasta la Ciudad de México. No hay un camino trazado como tal, pero encontré un libro en formato de PDF de un profesor de la UNAM que lo recorrió a pie, y este precedente me facilita muchísimo la tarea.

Por la situación actual del virus, y la temporada de lluvias, lo más temprano que podría comenzar este viaje sería en noviembre, pero quizás sea mejor pensarlo para inicios del 2021. Como este no es un camino de Santiago con albergues, tendría que prepararme mejor. Hay mucho tiempo. Veremos cómo madura este anhelo.

Work journal

2020-07-31 Inteligencia visual e inteligencia artificial

Date
AuthorMark MacKay

Hace varios años fui por primera vez a casa de un amigo. Junto con unos amigos tomé un taxi, y al entrar al fraccionamiento, el policía preguntó a dónde nos dirigíamos. “Vengo a ver a Miguel en el tercero A”, dije. El policía me vio sospechosamente y dijo:

—“El tercero A no existe en este fraccionamiento jóven”.
—“Pero Miguel A. sí vive aquí? Vengo a verlo”.
—“No puedo proporcionarle esa información”.
—“Entiendo, déjeme llamar… Miguel, cual es tu dirección? Tres A? Pero eso le dije…”.
—“Ah ese sí, el Tres A sí existe”, dijo mientras levantaba la pluma.

Nos quedamos con la boca abierta mientras el taxista decía en voz alta “Pero como hay gente tan pendeja!”. A mi me recordó un robot humano, como un formulario web en el que si no introduces los datos exactamente como lo espera el sistema, te devuelve un error indefinido.

Cada vez que hay un avance en la inteligencia artificial hago una comparación con este ejemplo. En aquel momento no existían los agentes inteligentes, de haber sido un guarda automatizado es probable que cometiera el mismo error, pero luego que salió Siri pensé “ese policía tiene los días contados porque no está usando sus facultades humanas”.

La mayor parte de los empleos en la base de fuerza laboral las deberían hacer robots. La creatividad y el sentido común se disuaden proactivamente en favor de procesos estandarizados y mecánicos. Un empleado de MacDonalds tiene que limpiar los pisos cada tres horas, sin importar si el suelo está sucio. Sería mejor que lo hiciera un roomba. Mucho se habla de que nos van a venir a quitar el empleo, pero a menos que uno encuentre significado en la comunidad (como en una prisión) este tipo de empleo destruye el alma.

Con los avances impresionantes detrás de GPT-3, a los creativos nos pone nerviosos que la inteligencia artificial parece estar sobre nuestros talones. Si GPT-3 genera cosas tan aparentemente creativas sobre el lenguaje textual, sólo está a un paso de entrar en el lenguaje visual.

Este tipo de inteligencia artificial infiere patrones a partir de un cuerpo de entrenamiento. Me ha llevado a pensar en los sistemas de diseño, uno podría diseñar unos pocos elementos y el equivalente visual de GPT-3 inferiría el sistema a partir de los ejemplos. Es parecido al la mecánica de trabajo que tiene un diseñador senior con otro junior. El diseñador senior puede diseñar una pantalla y a partir de ahí el junior infiere el resto de pantallas.

Otra cosa que algo como GPT-3 haría fácilmente es cambiar entre estilos. Si le doy el logo de Figma y le muestro todos iconos nuevos de Big Sur, quizás podría inferir cómo hacer la conversión de estilo.

figma.png

Es aquí donde muchos diseñadores nos ponemos nerviosos: ya no basta con encontrar inspiración, nosotros tenemos que crear la inspiración para que la inteligencia artificial haga el trabajo mecánico. En esencia, todos seremos diseñadores senior, y la parte que aún no entiendo es: ¿cómo llegaremos a ser senior sin pasar por el junior? ¿Cómo entrenamos nuestra inteligencia visual sin interiorizar el proceso de un maestro diseñador?

Esto sólo es un esbozo de las implicaciones que voy viendo con GPT-3 y de los avances en inteligencia artificial. La gran mayoría del trabajo que se hace en el diseño actual es talacha agrupar y disponer de elementos bajo un sistema interiorizado, que luego se hace explícito en código.

Voy a formular el problema de manera que lo pueda meditar:

Actualmente el trabajo manual es la forma en la que el aspirante a diseñador entrena su inteligencia visual. Si ya no hay trabajo manual, ¿cómo se entrena la inteligencia visual?

Work journal

2020-07-30 Method Draw y mi práctica de meditación actual

Date
AuthorMark MacKay

Los últimos días he estado intercambiando correos con un posible cliente que necesita una customización de Method Draw. A menudo estos tipo de intercambio no llegan a ningún lado porque son gente no técnica que no tiene la más mínima idea de cuánto tiempo lleva adaptar un producto hecho a sus necesidades—“Está muy padre tu editor, sólo que lo quiero usar para una tienda online de camisetas, así que necesito integrar una librería con mis diseños y luego que el lienzo sea en forma de camiseta y que cuando escalas un diseño no exceda estos bordes y…”. No es que no se pueda hacer, es que—aunque el cliente tuviese los recursos para pagar todas las horas requeridas para lograrlo—no quiero pasar los próximos dos años programando una tienda de camisetas.

Entonces siempre que me llega alguien preguntando si estoy disponible para customización, contesto que estoy disponible siempre y cuando el proyecto abarque entre 2 y 20 horas. Luego, cuando contesto que no, se ve que contratan a programadores de la India que luego me asedian con preguntas. Mantener Method Draw online no me ha supuesto mas que pérdidas de tiempo y a veces pienso que sería mejor retirarlo por completo.

Sin embargo, este editor de vectores lo usan mucho en escuelas, y tiene la nada despreciable cantidad de 3,000 visitas diarias en estas fechas, pero en temporada escolar anda en 6,000 - 8,000, y luego pienso que me gustaría que cayera algún cliente que pudiera financiar un poquito de desarrollo.

Este cliente tenía un caso de uso muy peculiar: hizo hardware para estéticas en el que, mediante el uso de un proyector, proyectaba cejas sobre el rostro del cliente, y luego un técnico dibuja las cejas de la forma deseada. A pesar de lo específico de su caso de uso, lo principal que necesita es una herramienta para reflejar la ceja en espejo, y quitar varios elementos de interfaz no necesarios para su caso de uso, por lo que fuimos buen match y voy a dedicar algunas horitas a Method Draw.

Por otra parte, ayer Svelte finalmente comenzó a hacer click en mi cabeza. Pasé lo peor de la curva de aprendizaje y comencé a fluir programando blank.page. Clave en esto fue dejar de intentar hacer todo bien y simplemente enfocarme en las funciones básicas para que la interfaz funcione. Por ejemplo, al principio quería retener la traducción español/inglés y la librería para hablar con Firebase, pero cuando decidí prescindir de estas dos cosas no sólo comencé a avanzar mucho más rápido, sino que trabajar en Svelte se volvió placentero, y acabé el día con mucho mejor estado de ánimo.

Interiormente, es muy peculiar observar estos altibajos de ánimo, esperanza y concentración. Cambian según la hora del día, y requieren de una cantidad inusitada de meditación. Anotaré mi práctica de meditación actual, que va cambiando conforme voy descubriendo cosas por dentro.


  1. Fijar la atención en la respiración.
  2. Varias respiraciones profundas desde el estómago, notar las sensaciones de la frente y el cerebro (se siente como si se estuviera contrayendo, como un músculo).
  3. Notar la tensión en el rostro y relajar los músculos.
  4. Hacer diez respiraciones sin contar verbalmente, esto se hace “habitando” cada dedo de la mano con cada respiración. Esto es, poner la atención dentro de cada dedo de forma secuencial, comenzando por el meñique de la mano derecha y terminando en el meñique de la izquierda.
  5. Pasar la atención al corazón. Si el corazón permanece elusivo, imaginar que una sustancia gotea desde el cerebro al corazón, y la respiración hace que combustione, encendiéndolo.
  6. Teniendo la mente y el corazón activos, poner la atención en el sexo, relajando toda el área pélvica. Se deben sentir cosquilleos en las piernas.
  7. Teniendo los tres centros, la mente, el corazón y el sexo activos, imaginar la respiración como un circuito de aire que entra por la nariz bajando por la columna vertebral, llegando al sexo, luego subiendo por el estómago y el pecho para exhalar.
  8. Sentir el cuerpo energético/espiritual borrar sus fronteras con el mundo material. Integrarse con el todo (en la medida que uno pueda en ese momento).

Este es mi “paseo interior” actual, el cual anoté para contrastarlo con mi práctica hace un año, pero ahora que me releo, veo que no estaba tan estructurado. En el interior uno va encontrando paseitos placenteros que repite, pero uno nunca debe de dejar de explorar.

Work journal

2020-07-29 Días nublados

Date
AuthorMark MacKay

Hace dos días, Nina, la perra, amaneció inexplicablemente triste. “Estará enferma”—pensé. Apenas comió, no pidió sus paseos del día (que son dos), y se la pasó echada. Llegó mi sobrino de visita y me sorprendió que se diera cuenta, el niño de cinco años preguntó “¿porqué está triste Nina?” sin que yo mencionara el asunto.

Ayer se invirtieron los papeles. Amanecí con tal dolor existencial que creí estar enfermo. Me senté a trabajar, pero no pude hacer lo más mínimo. Nina parecía estar repuesta y quería dar un paseo, así que resolví ir al mercado con ella. Corrió con bríos inusitados mientras que yo arrastraba los pies al caminar. Tenía un leve dolor de cabeza, pero además de eso no podía describir otra sensación a la que los angloparlates llaman “feeling on the edge”, una sensación de ansiedad y malestar sin motivo aparente.

Pensé: “la forma de distinguir entre la enfermedad espiritual y la enfermedad corporal es a través del vicio, si fumo un cigarro suelto sabré la respuesta”, así que me acerqué al kiosko a comprar uno. El alivio fue tal que no dejó lugar a dudas. Volví a casa y pasé la mayor parte del día dormido.

Luego hoy, al igual que Nina, he despertado en la mejor de las disposiciones. Que cosa tan extraña es esto. Ayer intentaba repasar las razones de mi malestar, hoy recuerdo que hace un año me solía pasar esto mucho más a menudo, y lo entendía como el clima: algunos días son nublados, otros son soleados. Intentar predecir o encontrar razón del clima es inútil.

Para entenderse es necesario dejar de intentar entenderse.

Work journal

2020-07-28 El ego carga la llave para abrir el corazón

Date
AuthorMark MacKay

Hoy medité más de lo que trabajé. Llegué muy profundo, me vino una memoria del maestro Sufí al que visitaba en la Sierra de Gredos, lo había olvidado completamente! Le pregunté “¿para qué sirve el ego?”, y respondió “el ego es indispensable para la búsqueda, es el que carga la llave para abrir el corazón”. No entendí la respuesta en su momento, y por eso lo había olvidado. Otros caminos apuntan al mismo fenómeno. El Tao dice “en la meditación, sumérgete en lo profundo del corazón”. El cuarto camino dice “repite ‘yo soy’ hasta que lo escuches venir desde el corazón”.

Cuando vivía en Madrid asistí por primera vez a un grupo que practicaba las enseñanzas de Silo, un maestro espiritual Argentino. La maestra se mostró consternada cuando llegué, “vamos a hacer un ejercicio muy difícil, es posible que te parezca extraño” me dijo. Le aseguré que no se preocupara, que me gustan los retos, y me dieron la bienvenida.

Dieron las instrucciones: formaríamos grupos de seis personas, y uno se pondría al centro. A la persona del centro había que insultarle de la forma más cruel posible, con el propósito de que se enfadara. El propósito del ejercicio era sentir el enfado pero no permanecer en él, aprender a lidiar con las emociones.

Primero pasó una chica con de lentes. Como ya es conocían entre los asistentes era más fácil para ellos. “Uy te crees mucho con tu maestría, pero eres una ignorante”, la chica se río. “No te debes reir, es otra forma de sacar la emoción” dijeron. “cuatro ojos”, “mira que pelo tan feo tienes”, “ni te sabes vestir”, la chica se ponía roja e intentaba no reirse.

Así pasaron varios hasta que fue mi turno. Me pidieron disculpas por adelantado, se sentían más cómodos insultando a sus compañeros porque había confianza, pero yo era un recién llegado. “Por favor, no se limiten, yo rara vez me enfado y necesito que hagan su mejor esfuerzo”. Les gustó mi actitud.

“Mira este sudaca, se siente español pero no es mas que un indio”, “mírale el pelo, ya se le ve toda la calva”, y así varios insultos inconsecuentes. “Échenle más ganas, de verdad que me quiero enfadar”, les dije. Pasó la maestra y pidieron ayuda. La maestra me miró a los ojos y pareció medirme “este chico se siente mucho, pero no sabe nada, ni sabe seguir instrucciones, le dije que llegara quince minutos antes para registrarlo, pero no lo hizo, no entiende y ni se da cuenta de su incompetencia”.

Los insultos de mis compañeros los había sentido poco atinados para ofenderme. Sólo el que me conoce bien es capaz de poner el cuchillo donde hay carne, y estos estaban atestando golpes donde sólo había ropa. La maestra sí pareció rozar algo, pero no lo suficiente para despertar mi enojo, o al menos así lo percibí yo.

“Tienes un bloqueo en el corazón” me dijo. Te disocias de ti mismo para lidiar con los insultos. El problema de esto es que no puedes escapar del sentir las cosas malas sin dejar de sentir las cosas buenas también. En el momento no lo quise creer, pero luego de procesarlo un poco tuve que admitir que tenía sentido, pues era una persona hermética tanto para lo bueno como para lo malo.

Esa misma noche cuando me fui a la cama, soñé que iba al psiquiatra. El doctor tenía la pared llena de diplomas detrás de él. Yo le aseguraba que estaba ahí por equivocación, que yo era una persona perfectamente cuerda y que se lo podía demostrar. “A ver, muéstreme esas libretas que tiene ahí”. Eran mis diarios. Los deslizaba hasta el otro lado de la mesa. El psiquiatra los ojeaba con rostro burlón, “pero qué mamadas son estas, jajaja! Y dice que está cuerdo! Jajajaja! Está loco como una cabra!”.

La cabeza casi me explotaba del encabronamiento y la vergüenza que sentía simultaneamente. Le grité hasta de lo que se iba a morir y desperté con una horrible sensación de querer estrangular a alguien.

Me quedó una sensación de haber cuarteado la coraza que envuelve al corazón. Sin duda, ahora tengo mayor capacidad de sentir que en aquel entonces, pero aún hay trabajo por hacer. La llave para abrir el corazón la carga el ego porque es un trabajo que se hace deliberadamente. La meditación a menudo la hacemos para refugiarnos de las emociones difíciles, y es excelente para ello, pero hace falta el ego para proponer entrar dentro del corazón a explorar las sensaciones desagradables. La exploración de nuestro centro emocional nos trae una mayor capacidad para amar, para experimentar lo sublime, para vivir la vida de lleno.

Work journal

2020-07-27 Mares turbulentos

Date
AuthorMark MacKay

El último par de meses he estado contactando con personas que me parecen interesantes. Es algo muy poco característico en mí, tiendo a ver por mis propias cosas y siento que la soledad me otorga mucha libertad. Pero detrás de esta sensación también hay una comodidad. Ya que en estas épocas no puedo ponerme retos físicos, me pongo retos emocionales.

Es posible que—en algún momento de mi vida—un psiquiatra me hubiese diagnosticado con trastorno de la personalidad por evitación, ahora creo que el psiquiatra diría que tengo una tendencia hacia este trastorno. Pero, cuando uno inspecciona de cerca las herramientas que usan los psicólogos y psiquiatras para diagnosticar trastorno de la personalidad, es evidente que el emperador está desnudo, la medición de la personalidad mediante cuestionarios es un concepto ridículo.

Basta con encontrar un cuestionario estandarizado oficial que se usa como instrumento de medición, y aplicarlo en una persona que uno conoce más o menos bien. Puede contener afirmaciones como “soy el alma de la fiesta” o “siempre soy puntual” o “es importante exponer la verdad, aunque sea incómoda”, y luego se califica qué tanto uno concuerda con esa afirmación, en una escala de Likert (del 1 al 5).

Cuando uno aplica este instrumento a una persona conocida, a menudo se sorprende de las respuestas: la gente contesta con toda honestidad cosas diametralmente contrarias a su personalidad. Normalmente tiene que ver con auto-conceptos deseables: exponemos quienes queremos ser, no quienes somos realmente. Exponer a nuestra consciencia a esta realidad causaría conflicto interior, por lo tanto se coloca en un punto ciego ¿Cómo podemos pedir a alguien que nos exponga su personalidad, si esa persona no se conoce a si misma?

Con esto no quiero decir que las pruebas de personalidad sean inútiles, sólo que existen hace poco más de 70 años, lo cual es un micro-instante en la escala del conocimiento humano, y que queda mucho por discernir no sólo acerca de cómo medir la personalidad, sino de cómo entenderla.

Mi sensación es que—si fuésemos expuestos a una gran cantidad de estrés o trauma durante un tiempo prolongado—desarrollaríamos algún tipo de “trastorno de la personalidad” como método para lidiar con este estrés.


Comencé a escribir esto como una descripción de mi labor acercándome a gente que me parece interesante, y luego he terminado por hacer una descripción de los trastorno de la personalidad. Parece ser una evasión a escribir mis sensaciones acercándome a la gente. Es necesario salir de la jaula del ego, y el ego se escuda en las discusiones intelectuales.

Hice una cita con un diseñador que me parece muy auténtico, inteligente y que compartimos muchos intereses, para charlar por zoom. No llegó a la cita, mi primera sensación fue:

“Pues que se vaya a la verga, al final yo soy el que le da ese privilegio, yo soy más reconocido que él”. Identifiqué este pensamiento narcisista como una forma de lidiar con el rechazo percibido.

Luego: “Él no da la importancia que yo doy a una cita porque hacer una cita es algo bastante inaudito en mi persona, hace falta recordarle que teníamos una cita”. Así lo hice. No hubo respuesta.

Luego: “Esto es una señal de que mis esfuerzos por conectar con otras personas es erróneo, piensa que soy uno de esos dudes random que sólo hacen perder el tiempo. Es mejor usar mi tiempo construyendo cosas que atraigan el tipo de gente con la que quiero conectar”.

Luego: “Es mi primera experiencia negativa intentando conectar con otras personas, ¿porqué provoca una sensación desmedida que me hayan dejado plantado?”.

Y me fui a meditar con estas sensaciones y pensamientos y los pude observar como son: aguas turbulentas. El ego es una barca que navega en estas aguas, cuando medito lo observo desde la profundidad. Sin duda el rechazo interpersonal me causa más turbulencia de lo que ocasiona en la persona promedio, pero no destruye el barco del ego, ni hace falta refugiarse en un puerto tranquilo y plácido.

El espíritu pide navegar por el océano y otorgarle a esta aventura lo expone a turbulencias difíciles de navegar. La vida plácida me aburre, quiero más de esto para aprenderlo a navegar. Cuando se disculpó al siguiente día por haberse olvidado, esto fue lo que contesté (reescrito para mayor claridad):

No te preocupes, nos olvidamos de las citas cuando las aceptamos por compromiso, y quizás he sido algo insistente. Además, el tiempo con tu hijo es claramente prioritario.

No creo que tengamos que reagendar la cita. El momento correcto de tener esta conversación es cuando te despierte la curiosidad lo que yo estoy haciendo y lo exponga públicamente. Pero sigo abierto a la conversación cuando venga de tu propia iniciativa y curiosidad.

Hoy el mar se ha calmado ya.