Hoy mi madre me pidió poner a Alejandro Jodorowsky en YouTube. Le puse un episodio de Carta Blanca en el cual Jodorowsky funge el papel de entrevistador. Al principio del programa aclara cuál es su intención: quiere hacer entrevistas para sanar.

El primer participante es Santiago Segura, que parece deslumbrado por momentos de que Jodorowsky lo lleva por caminos tan íntimos: “¿te sientes querido, Santiago”—“Ehhh… sí claro… por mis amigos”, contesta como dudoso de su propia honestidad. “¿Amor?”—lo confronta Jodorowsky “Jeje, bueno, alguna amiga…”, responde casi en el personaje de Torrente.

A Jodorowsky se le ve honestamente fascinado con Santiago Segura, lo celebra como una gran expresión del Tao: a través de la fealdad se puede llegar a la belleza y a lo sublime. “¡Deberías de ser crítico de cine!”, ríe en otro momento Segura, después de recibir tantos halagos.

En cierto momento discuten la psicomagia, y Jodorowsky dice no se deben romper los lazos familiares, se deben hacer actos psicomágicos que actúan como contraveneno de esos lazos. Para un padre tóxico, por ejemplo, recomienda quemar una foto del padre tóxico y beber las cenizas con agua.

Luego dijo “¿Qué haces con una madre invasora?”, y mi madre se volvió a verme. Yo alcé las cejas y dije: a ver qué nos dice. “En un altar colocas una foto de tu madre, dentro de una jaula. De vez en cuando le dejas un poquito de comida. De esta forma alimentas a la madre y obtienes independencia”. Nos reimos. Mi madre se paró a buscar un huacalito donde colocar una foto de ella ¿en serio mamá? si si no quiero ser yo la que impida que consigas novia.

Nos reimos. Se me ocurrió que en la reja metálica donde cocinamos las verduras podría ser buen lugar en lo que encontramos un mejor reemplazo, pero luego lo pensé bien y le dije “mamá, ¿sabes qué? cuando termine la cuaretena, ahora qué caso tiene, si conozco te aviso y ya está, para qué ahora. Mi madre concedió de mala gana.

Luego insistió en lavarme la mochila. Yo dije que no, pero insistió en lavarla. La vació toda, y en un rinconcito recóndito aparecieron dos fotos tamaño infantil de mi madre. Corrió a traérmelas, “¡Mark, mira lo que encontré!”, eran para su pasaporte, dos fotos pequeñas iguales donde se le ve muy estresada. Nos reímos mucho y las metimos en la rejilla de las verduras, que luego pusimos en el altar de la casa.

No sé cómo tomarlo mas que como experimento: le pondré comida y estaré atento a lo que me muestra el mundo. Si hace un par de días decidí que era testigo, quizás ahora decida ser partícipe. ¡Pero me gusta tanto mi independencia! Shhh… Sólo hace falta observar.