Tenía que entregar una reflexión acerca de mi servicio social con la universidad. Lo publico aquí para entretenimiento del lector.

La última vez que estudié fue en 2008, y tengo casi cuarenta años. No soy ignorante de las actividades de labor social, participo en ellas de forma individual y de forma comunitaria conforme el tiempo y el apetito me lo permiten. La labor social me ha permitido cosechar frutos inesperados. Uno piensa que en la labor social uno siembra y otros cosechan, pero sucede que uno también cosecha, pero no es lo que uno siembra.

La labor social en el marco institucional me ha dejado con un amargo sabor de boca, desafortunadamente. Lo guardaría en secreto, pero me han pedido que comparta mi experiencia en esta reflexión.

En este preciso momento me encuentro sentado en la mesa sucia de plástico que tienen afuera de sus oficinas, sentado en una de sus sillas plegables. Es el último día que tengo para entregar la documentación necesaria para mi titulación, y un problema con mi estatus como estudiante tiene el proceso atorado. En servicios estudiantiles están viendo el caso y llamarán cuando se enteren de cual es el problema, pues a pesar de haber hecho todo el proceso de reingreso exitosamente, la encargada de Artes y Humanidades no puede hacer ningún movimiento porque le salgo como inactivo.

“¿por qué no has hecho los trámites con antelación?” escucho. Los comencé hace dos semanas. Entregué lo que pensé eran todos los requisitos para mi titulación. Sorpresa, la carta de terminación de servicio social no era lo que tenía que entregar! “Necesitas un papelito así cortito, con un sello”. Me sentí irritado porque tendría que ir a servicio social a cambiar una carta por un sello.

“Vienes diez años tarde! Terminaste en 2008!”, mi primer servicio social lo hice con Paul Rich, y en su apresurada salida mis horas quedaron sin firmar. Terminé mis estudios, inclusive presenté mi tesis, pero el tema del servicio social se quedó atorado.

Como diseñador, nunca eche mi título de menos, pues la muestra de tu capacidad no está en el título, está en el portafolio. Pero los caprichos de la trayectoria profesional me llevaron a España, en donde el gobierno no acepta portafolios con motivos de migración. Intenté resolver el problema desde España con la ayuda de mi hermana, pero resultó ser imposible para ella navegar la burocracia de la UDLA, ¿cómo explicarle todo desde dónde está el edificio de servicio social?

Renuncié a mi trabajo en España y volví a México para, entre otras cosas, obtener el título que me permitiría moverme con mayor libertad profesional. Vine a la UDLA y… efectivamente, me informaron que tendría que repetir mi servicio social. No sólo eso, como tiene mucho tiempo que no estudio, el proceso de reingreso no sólo es entregar el comprobante de no-adeudo de Sorteo, la firma del director de carrera y saldo positivo, no, hay que enviar una solicitud al Decanato de Artes y Humanidades para hacer una excepción, y estas solicitudes se aceptan en las juntas de escuela, las cuales son semanales.

Esperé a la respuesta y por fin era estudiante de nuevo! Elegí el proyecto de la Luz de la Nevera por la labor artística. De Joaquín Conde y de Carlos Arroyo y todos los compañeros de la Luz de la Nevera sólo tengo cosas positivas qué decir. Indudablemente su labor es muy importante en la comunidad de la UDLAP. Sólo me gustaría que la difusión fuera más allá de las puertas de nuestra institución.

Completadas mis horas con la Luz de la Nevera, volví a España sabiendo que pronto podría titularme. Consideré que teniendo todos los requisitos sería cosas de entregar documentos, para venir de España dos semanas sería suficiente no? Pues parece que no, porque en la burocracia de Servicio Social, tengo que subir esta reflexión a una cosa que se llama Blackboard, y que soy un estudiante tan antiguo que ni siquiera lo he usado.

Y como no estaba activo, pues tuve que hacer el mismo proceso de reingreso que hice cuando inicié mi servicio social: entregar todos los documentos de reingreso, luego esperar la junta semanal del decanato con la luz verde, y etc etc etc. Por fin ayer me enviaron un correo diciendo que estaba activo!

Vine por la tarde para encontrar una mesa afuera, y las puertas de Vinculación cerradas. Se me acercó una chica en la mesa y me preguntó qué buscaba, “servicio social” le dije, “Ahhh, es que hoy hay un evento que se llama cortomeatro”, miré al cielo y grité “porqué me odias Dios mío”, luego caí de rodillas y lloré, sintiéndome el hombre más desdichado del mundo.

La gente de la mesa me miraba y decía “qué trágico este pelón que se tira a llorar porque está cerrado servicio social” pero ellos no entendieron mi suplicio, y también dudo que ustedes que leen esto lo comprendan. Parece que para obtener mi título tengo que matar a un dragón, y ese dragón es el dragón del orgullo. Por que luego de sentarme, explicarle todo esto a la maravillosa chica que debería saberme su nombre y que atiende a Artes y Humanidades, me dice “es que tienes que subir tu carta de reflexión de servicio social” en un tono muy dulce pero que a mi me sabe a la bebida más amarga y desagradable del mundo.

Pero me lo tengo que tragar, porque no pueden tratar a los estudiantes de forma humana y compasiva, porque los ordenadores los han vuelto robots, y no pueden ver como llevan a un pobre hombre a caer de rodillas y llorar en público por su afán de procedimiento, de sólo entender su parte, de no velar por el bienestar del estudiante sino de su propio puesto de trabajo, porque sería la cosa más fácil del mundo sacar el sello y pum, caso resuelto. No, hay que mandar al estudiante a dar de vueltas como mayate, como si no tuviera mejor uso de su tiempo que andar completando su rally burocrático.

Y luego, encima de todo, me piden que escriba dos cuartillas. Los académicos y sus medidas mafufas, ¿cuánto es una cuartilla? Depende de la fuente tipográfica, del espaciado entre líneas, entre letras y entre palabras. Hay mil formas de hacer trampa.

Sigo sentado aquí en la mesa sucia de sus oficinas, y servicios escolares parece que no ha dado respuesta. Terminará esta pesadilla burocrática? Voy a asomarme a la oficina a ver…

María no estaba, se ha ido a comer. Paola me ha dicho que ya me están activando en servicios de cómputo. En lugar de seguir correteando trámites burocráticos, mejor esperarlos, así que vine a comer también. He terminado y ahora faltan quince minutos para que María vuelva y me informe si se ha podido completar la activación.

Me gustaría contrastar mis experiencias de vinculación social personales, y contrastarlas con las institucionales. Cuando quiero hacer labor social de forma personal, no se me da una lista de cosas qué hacer: yo veo lo que hace falta en todos los anillos sociales que me rodean: mi familia, mis vecinos, mi colonia, mi ciudad, mi país, mi mundo. Todo es vinculación social.

Nadie me pide una carta de inicio, de terminación, ni un número específico de horas. Me asocio con personas de manera libre, sin contratos, hay un plan pero el aceptar estar en un equipo implica que estoy de acuerdo con el plan. Si en algún momento quiero enfocar mis esfuerzos de otra forma, puedo hablar con mi equipo y encontrar un reemplazo para que todo funcione bien.

En el marco institucional todo esto está velado por una cantidad tremenda de burocracia. Porqué he de “iniciar” mi vinculación social y luego “terminarla”? Lo único que se logra es tener un mal sabor de boca de toda la experiencia.

Ya casi han pasado los quince minutos que faltaban para que María volviera de comer, voy a asomar la cabeza a la oficina. Y si ya estoy en el sistema correctamente, dejaré este relato aquí. Desafortunadamente, lo más probable es que aquí no termina el relato.

Efectivamente. Entré con María y me dijo que no le habían hablado aún. Me dijo que para casos como el mío tienen prórrogas con graduación para apoyar a los estudiantes, lo cual no me proporcionó alivio porque claramente el problema es de la UDLA y así tuviera un año de retraso, sería debido al sistema.

Sin embargo, amablemente me pidió mi teléfono y me dijo que me llamaría cuando le informaran del asunto. Yo le dije que permanecería en el campus en caso de que se pudiera resolver hoy mismo, pues el prospecto de venir de nuevo no me atrae mucho.

Le dije que me pondría a trabajar, pues traje la laptop, pero al salir de la oficina de vinculación social sentí la misma intuición que sentí cuando entregué mis documentos de reingreso: algo va a salir mal con esto si no pongo de mi parte.

Y así vine a la oficina de TI. Después de pedir mi turno esperé a que llegara una persona a ayudarme con blackboard. Le expliqué que nunca lo he usado y que necesitaba activarlo para hacer un trámite de servicio social. Entramos al sign-in de la plataforma y efectivamente, no funcionan mis credenciales.

Al explicarle que la solicitud había sido hecha hoy me dijo que tal vez era por eso, “a veces tarda”. “Pero hoy es el último día para entregar los papeles para la titulación, y esto me tiene bloqueado”. Apresuradamente volvió por la puerta por la que entró, y minutos después salió a hablar con alguien en los cubículos de la zona común. “Estamos viendo tu caso” me dijo, y así llegamos hasta el presente.

¿Cuantas horas de cuántos estudiantes no habrán perdido en sus trámites burocráticos? ¿Cómo se pueden aplicar los conocimientos adquiridos durante la carrera, cuando nos tienen encerrados en oficinas yendo de un lado a otro? “Para titularte en la UDLA necesitas primero titularte en burocracia UDLA” bromeé con María. Las sonrisas revelaron lo acertado de la broma.

Y el chico que me estaba ayudando con Blackboard ha desaparecido ya durante bastante tiempo, a veces me pregunto: se habrán olvidado de mí? pero salvo circunstancias excepcionales, rara vez es el caso. Como invocado, el chico acaba de venir: “ya hemos visto que no hay un bloqueo administrativo, es puramente de sistemas, pero tardará un rato en liberarse, unos veinte minutos”. Entiendo de tecnología lo suficiente como para saber que no estarán ahí hackeando el sistema para subirme a blackboard, sino más bien es un tema burocrático en el que la persona encargada de dar de alta salió a comer. Son las 2:40pm, sí, es lo más probable.

Seguiré escribiendo. Lo que me parece más peculiar de todo el caso es que toda la gente con la que he tratado ha sido increíblemente amable. Algunos con desconocimiento absoluto de cómo funciona el sistema. Pocas veces te encuentras con alguien que te dice a ciencia cierta qué hacer. Inclusive María, cuando vio que mi estatus aún estaba inactivo, no sabía por dónde seguir, y sólo después de ensayar los procedimientos administrativos en su cabeza se dio cuenta que había que preguntar en asuntos escolares.

Mil novecientas palabras escritas casi exclusivamente para quejarme de los trámites administrativos de la UDLA, ocasionados por el hecho de que se tiene que subir una reflexión a blackboard. Sin esto, sellarían la tira de papel y ya está. Ayer recibí una carta de Admisiones. Como los requisitos de ingreso cambiaron desde que yo estudiaba, tengo que proporcionar lo siguiente:

  • Acta de nacimiento original actualizada (con una antigüedad no mayor a dos años).
  • 1 copia notarial de acta de nacimiento (en caso de ser digital no aplica).
  • Legalizar certificado de bachillerato (Deberá recoger en Servicios Escolares).
  • Copia notarial de certificado de bachillerato (en tamaño carta).
  • Comprobante de domicilio (con una antigüedad no mayor a 3 meses).

Y como nací en Canadá, ahora me van a meter en un lío porque mi acta de nacimiento puede requerir un viaje a la Ciudad de México.


Ahora estoy sentado en servicios estudiantiles, esperando a mi turno de entregar el dichoso papel sellado. El chico de TI me informó que estaba desbloqueado, fui a buscar a María, pero no estaba en ese momento. Esperé y cuando llegó me selló el papel: el problema de blackboard no estaba resuelto, pero había luz verde desde TI para hacer el procedimiento. Un problema de sistema impedía hacerlo de la manera “oficial” y por eso nos saltábamos el paso. Quedé con María de enviar esta reflexión por la tarde, y ahora nuevamente estoy esperando a entregar el papel en el cubículo de graduación de la oficina de servicios escolares.

No sé cuánto me harán esperar, pues parece haber mucha gente. Y ahora no encuentro mi turno. Nunca respetan turnos en servicios escolares de todas formas. Aquí esta: 903. El último turno fue 900, pero parece no ser secuencial. No puedo celebrar el fin de la pesadilla hasta que me hayan confirmado que es todo lo que necesito entregar.

901 anunciaron en voz alta. No va en secuencia, pero la gente que viene a entregar documentos de graduación va en los 900s. Dos turnos y me toca a mi.

En mi experiencia como estudiante, sin duda, la mayor parte de los estudiantes vivíamos en una burbuja y el servicio social definitivamente era una oportunidad de salir de esta burbuja. Veo la utilidad de exponer a los estudiantes a gente distinta a la que están acostumbrados a tratar, a maneras distintas de pensar, a ensanchar la mente y el alma, por ponerlo de alguna manera. Pero envolverlo en tanta burocracia hace perder el apetito por querer aplicar tus talentos al servicio de la sociedad.

Hay un poema que me gusta mucho, de Jalil Gibrán, que habla del tema:

Entonces, un hombre rico dijo: Háblanos del dar.

Y él contestó:

“Dais muy poca cosa cuando dais de lo que poseéis.

“Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais.

“¿Qué son vuestras posesiones sino cosas que atesoráis por miedo a necesitarlas mañana?

“Y mañana, ¿qué traerá el mañana al perro que, demasiado previsor, entierra huesos en la arena sin huellas mientras sigue a los peregrinos hacia la ciudad santa? ¿Y qué es el miedo a la necesidad sino la necesidad misma?

“¿No es, en realidad, el miedo a la sed, cuando el manantial está lleno, la sed inextinguible?

“Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen y lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos.

“Y hay quienes tienen poco y lo dan todo.

“Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío.

“Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.

“Y hay quiénes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.

“Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni son conscientes de la virtud de dar.

“Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio.

“A través de las manos de los que como esos son, Dios habla y, desde el fondo de sus ojos, Él sonríe sobre la tierra.

“Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.

“Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquel que recibirá es mayor goce que el dar mismo.

“¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día.

“Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de vuestros herederos.

“Decís a menudo: “Daría, pero sólo al que lo mereciera.” Los árboles en vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera.

“Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer.

“Todo aquel que merece recibir sus días y sus noches, merece, seguramente, de vosotros todo lo demás.

“Y aquel que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo.

“¿Y cuál será mérito mayor que el de aquel que da el valor y la confianza -no la caridad- del recibir?

“¿Y quiénes sois vosotros para que los hombres os muestren su seno y os descubran su orgullo para que así veáis sus merecimientos desnudos y su orgullo sin confusión?

“Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser un instrumento del dar.

“Porque, a la verdad, es la vida la que da a la vida, mientras que vosotros, que os creéis dadores, no sois sino testigos.

“Y vosotros, los que recibís -y todos vosotros sois de ellos- no asumáis el peso de la gratitud, si no queréis colocar un yugo sobre vosotros y sobre quien os da.

“Eleváos, más bien, con el dador en su dar como en unas alas.

“Porque exagerar vuestra deuda es dudar de su generosidad, que tiene el libre corazón de la tierra como madre y a Dios como padre.”


Ya me han llamado. Entregué el documento sellado. La chica me reconoció. “Sólo te faltaba esto verdad?”—“No tienes idea de la pesadilla que ha sido”. Se rio. Le pregunté qué habría de esperar, un correo, algo. “Checa la aplicación donde subiste tus cosas, ahí debe de aparecer que todo OK”.

Quién sabe, puede que no sea el final de la pesadilla aún.